Historias
-El Amor
-El Hilo rojo del destino
-La isla de los sentimientos
-El amor y la locura
-Leyenda de la Flor Nomeolvides ( 1era versión)
El Amor.
Sólo el amor obra de una manera mágica y única. Cuando hay amor nada es imposible, todo puede lograrse.
El amor no pude analizarse, no puede explicarse, sólo se siente.
Historias
-El Amor
-El Hilo rojo del destino
-La isla de los sentimientos
-El amor y la locura
-Leyenda de la Flor Nomeolvides ( 1era versión)
-El Amor
-El Hilo rojo del destino
-La isla de los sentimientos
-El amor y la locura
-Leyenda de la Flor Nomeolvides ( 1era versión)
El Amor.
Sólo el amor obra de una manera mágica y única. Cuando hay amor nada es imposible, todo puede lograrse.
El amor no pude analizarse, no puede explicarse, sólo se siente.
El amor no pude analizarse, no puede explicarse, sólo se siente.
Cuentan que hace mucho mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa, quien tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó traer ante su presencia. Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa. La bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo.
Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo:
-Aquí termina tu hilo.
Pero al escuchar esto el emperador enfureció, creyendo que era una burla de la bruja, empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer, haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente, ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.
Muchos años después, llegó el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda. Y en el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entró al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente… Al levantárselo, vio que ese hermoso rostro tenía una cicatriz muy peculiar en la frente.
La isla de los sentimientos.
Erase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos: la alegría, la tristeza y muchos más, incluyendo el Amor. Un día les fue avisado a los moradores que la isla se iba a hundir. Todos los sentimientos se apresuraron a salir de la isla, se metieron en sus barcos y se prepararon a partir, pero el Amor se quedó, porque se quería quedar un rato más con la isla que tanto amaba antes de que se hundiese. Cuando por fin ya estaba casi ahogado, el Amor comenzó a pedir ayuda.
-Riqueza llévame contigo.
-No puedo – le contestó – hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para tí.
Entonces el Amor le pidió ayuda a la Vanidad:
-Por favor ayúdame.
La vanidad le dijo:
-No te puedo llevar tu estás todo mojado, vas a arruinar mi barco nuevo.
El Amor le pidió ayuda a la Tristeza:
-¿Tristeza me dejas ir contigo?.
Ella le respondió:
-¡¡Ay!! Amor estoy tan triste que prefiero estar sola.
También paso la Alegría, pero ella estaba tan alegre, que no oyó el Amor llamar.
Allí fue cuando una voz le llamó;

-Ven Amor yo te llevo, era un viejo, pero el Amor estaba tan feliz que se le olvidó preguntarle su nombre.
Al llegar a tierra firme le pregunto a la sabiduría:
-Sabiduría, ¿quién era el señor que me trajo aquí ?
Ella respondió:
-Era el Tiempo.
-¿ El Tiempo ?-preguntó el Amor. -¿Pero porqué solo el Tiempo me quiso traer ?.
La Sabiduría le respondió:
-Porque solo el tiempo es capaz de ayudar a entender un gran Amor.
El Amor y la Locura.
En el principio de los tiempos, cuando no existía nada. Cuando ni siquiera el tiempo existía porque nadie había inventado nada para llevarle la cuenta. Cuando el hombre todavía no existía, en mitad del universo estaban reunidos los vicios y las virtudes que más tarde poblarían a los humanos en mayor o menor medida.
Y los vicios y las virtudes se pasaban todo el día discutiendo y peleando, sobre todo azuzados por la Ira y la Discordia. Y discutían sobre quien habitaría el cuerpo de los humanos, si los vicios o las virtudes. Y no se ponían de acuerdo porque unos decía que habría mas virtudes que vicios en los humanos y otros que al revés, que sería mayor el número de vicios que estarían en los humanos.
Y como nadie se ponía de acuerdo. La Locura, que estaba loca, tubo una idea que le pareció genial. Y dando brincos en mitad de la reunión dijo:
- Tengo una idea, tengo una idea para solucionar la discusión.
Todos se quedaron expectantes. Y la Locura dando carreras sin ton ni son y saltando por todos lados dijo:
- Es una idea genial que seguro que no falla. Sí, sí, sí, sí
En este punto la Intriga, que estaba realmente intrigada, pensó:
- "¿Cuál será la idea tan buena que ha tenido esta Locura? "
Y la Locura seguía dando botes y haciendo cabriolas y diciendo:
- ¡Lo tengo! ¡Lo tengo!.
Y la Intriga que estaba cada vez más intrigada, azuzada por la Curiosidad preguntó por fin:
- Oye, ¿Y cual es esa idea tan buena?.
La Locura dio un brinco y después otro y dijo:
- Muy fácil, muy fácil, muy fácil. ¡Se trata de un juego!.
Como la Locura seguía dando saltos y no parecía que fuese a decir nada más, la Intriga preguntó:
- ¿Y que juego es?
- dijo la Locura - Es el juego del escondite.
Entonces la Intriga sí que se quedó intrigada. Y como ya no podía soportar tanta intriga dijo:
- ¿Y qué demonio de juegos es ese?.
- Muy fácil, muy fácil, muy fácil. - dijo la Locura dando vueltas alrededor de la Intriga - Uno de nosotros se pone a contar de uno a cien de cara a un tronco muy grande y con los ojos tapados. Y los demás salen corriendo a esconderse donde puedan. Luego el que cuenta sale a buscar a los demás. Si al último que encuentre es una virtud, serán las virtudes las que habiten al hombre en mayor número, si es un vicio serán los vicios los que habiten a los humanos.
Entonces alguien entre la multitud dijo:
-¿Y si encuentra una pareja de virtud y vicio?.
La Locura pensó un instante y dijo:
- Muy sencillo, se repartirán por igual.
La Inteligencia, que hasta entonces se había creído la más inteligente pensó:
- "Vaya ideota que se le ha ocurrido a esta Locura. ¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí?."
Entonces la Intriga preguntó:
Y la Ternura dijo:
- Anda, Locura, ya que se te ha ocurrido a ti tan buena idea, ¿qué mejor que seas tú quien cuente?.
- De acuerdo, de acuerdo, de acuerdo. - dijo la Locura.
Y se fue a un tronco a contar:
- Veintisiete, cuarenta y dos, catorce, sesenta...
Todas las virtudes y los vicios salieron corriendo a esconderse.
La Justicia cogió de la mano a la Verdad, porque la Verdad siempre acompaña a la Justicia, y se fueron hasta un río que pasaba por allí cerca. Era un río de aguas cristalinas y puras. Y la Justicia dijo:
- Nos esconderemos aquí, para que luego digan que la Justicia no es clara.
Y la Justicia se escondió en el fondo del río junto con la Verdad.
La Ensoñación cogió a la Ternura de la mano y dando saltitos se fueron a esconder detrás de una nube rosa. Y allí comenzaron a pintar las nubes de tonos morados, rojos, rosas y azules. Y es por eso que en los atardeceres el cielo se llena de nubes de colores.
La Lujuría cogió de la mano a la Pasión y juntas escalaron una montaña para esconderse en ella. Pero una vez dentro la temperatura empezó a subir y las rocas a calentarse y a fundirse hasta que la Lujuría y la Pasión hicieron nacer un volcán en aquella montaña.
La Pereza no se movió de donde estaba. Con el sueño que tenía ella, se iba a molestar en esconderse. Vamos, y se echó a dormir detrás de un banco que había por allí cerca.
- treinta y tres, cincuenta y ocho, siete...La Envidia, envidiosa como siempre, quería saber donde se escondía todo el mundo y se quedó allí en medio.
- setenta y siete, ochenta y seis, cincuenta y uno...
El otro que no se escondía era el Amor. Porque el amor es indeciso y no sabía dónde esconderse.
La Locura estaba llegando al final de la cuenta:
- noventa y ocho...
El Amor y la Envidia no sabían dónde meterse. La envidia vio un pino y se subió en lo alto.
- noventa y nueve...
En el último momento el Amor se tiró a un rosal de rosas rojas donde nadie se había escondido porque estaba lleno de púas.
- y ¡cien!.
La Locura se dio la vuelta y empezó a buscar a sus compañeros.
- ¡Cruz por la Lealtad!.- La Lealtad, leal como era, no se había movido del lado de la Locura.
- ¡Cruz por la Esperanza!.- La Esperanza se había escondido cerca pensando que quizá no la encontrarían.
- ¡Cruz por la Ignorancia!.- La Ignorancia, despistada salió preguntando.
- ¿A qué estamos jugando?
- ¡Cruz por la gula que está comiendo pasteles!.
- ¡Cruz por la Soberbia!.
La Soberbia salió muy encendida y dijo:
- Me había escondido muy bien, ¿A que me has encontrado de las últimas?, ¡Vamos, con lo bien que me escondo yo!
- ¡Cruz por la Humildad!.
La Humildad se acercó a la Locura y le dijo:
- La verdad es que me has encontrado un montón de bien.
- ¡Cruz por la Pereza!.
La Pereza seguía durmiendo plácidamente a pesar de todo el alboroto que la Locura estaba montando.
La Locura llegó hasta el río de aguas cristalinas, miró al fondo y vio a la Verdad y a la Justicia. Y gritó:
-¡La Justicia y la Verdad están allá abajo!.
La Justicia, que vio que la habían visto, revolvió el fondo para que las aguas se volvieran turbias y no pudieran verlas. Y le dijo a la Verdad:
- Tú quédate aquí que yo saldré por las dos y convenceré a la Locura de que no te ha visto.
Y la Verdad le hizo caso y allí se quedó, y la Justicia salió corriendo detrás de la Locura, y corría más y más hasta estar a punto de alcanzarla cuando de repente se tropezó con una piedra y se cayó. Con la caída se había lastimado una rodilla, pero aun así se levantó y siguió corriendo cojeando, pero cuando llegó la Locura ya había llegado.
Es por eso que la Justicia cojea, pero siempre llega. Y desde entonces a la Verdad no se le ve por ningún lado.
Entonces la Locura se fijó en que la montaña donde se habían ocultado la Pasión y la Lujuria ahora era un volcán.
Así que la Locura subió por la ladera del volcán y se asomó al borde del cono. Y allá abajo, en una repisa de piedra Pasión y Lujuria estaban dando rienda suelta a todo lo que representaban. La Locura, avergonzada, dijo mirando para otro lado:
-¡Cruz por la Lujuria y la Pasión que están ahí abajo haciendo cosas feas! - y se fue corriendo dejando a la Lujuria y a la Pasión, quienes no se habían enterado de nada, con sus cosas.
Luego la Locura miró al horizonte y vio nubes de colores en forma de dragones, elefantes, princesas, duendes y castillos. Y pensó la Locura:
-"Esto parece cosa de la Ensoñación, y si la Ensoñación está por aquí la Ternura no tiene que andar lejos".
Y efectivamente, subió hasta las nubes y allí vio a la Ensoñación contándole cuentos a la Ternura y esta mientras tanto hacía nubes con las formas que le relataba la Ensoñación. Y la Locura, viéndolas tan atareadas no quiso molestarlas y escribió en una nube: "¡Cruz por la Ensoñación y la Ternura!." Y se fue.
La Locura ya había descubierto a todo el mundo menos a dos: la Envidia y el Amor (ya que a pesar de lo que decía la Justicia, ella tenía una cierta idea de por donde estaba la Verdad. Los locos están locos, pero no son nada tontos). Ya no sabía dónde buscar y miró al cielo para pedir ayuda. Y con esto vio a la Envidia que estaba en lo alto del pino.
- ¡Cruz por la Envidia!.
La Envidia, envidiosa de que no hubieran encontrado al Amor, se bajó del árbol y dijo:
- Pues el amor está escondido en esas zarzas.
La Locura dio vueltas a la zarza pero no vio al Amor, y es que el Amor es difícil de encontrar a veces.
- Pero busca bien, que está ahí.- dijo la Envidia.
La Locura intentó apartar las zarzas con las manos pero se pinchó:
Y es que a veces el Amor hace daño sin querer.
- Pero busca bien, que seguro que está ahí. - azuzó la Envidia.
La Locura ya no sabía que hacer y cogió una horca de dos puntas y comenzó a pinchar las zarzas con ella. Finalmente se oyó un grito que dejó a todos helados:
-¡Ahhhhh!.
El Amor salió de las zarzas con las cuencas de los ojos vacías bañadas en sangre en sangre. La Locura no sabía que hacer, todos le estaban mirando, y sintiéndose culpable por lo que había hecho le prometió al Amor que a partir de ese momento sería su lazarillo.
Y es por eso que dicen que el Amor es ciego y siempre va acompañado por la Locura.
Palabras hermosas.
Esta es la historia de un rey muy rico y una reina; una reina muy delgada, triste, pálida y con muy poco apetito por la vida.
El rey ya no sabía qué hacer, como devolver la redondez de su cuerpo y la risa que había poseído años atrás.
Un día, mientras el rey miraba por la ventana de su palacio, vio pasar a una mujer llena de vitalidad, de hermosas carnes y mirada hechicera. El rey reconoció en esa mujer a la esposa del jardinero y quedó perplejo. Su esposa poseía todo lo que una mujer pudiera desear, riqueza, joyas, vestidos, sirvientes…y sin embargo, estaba flaca como un clavo. El jardinero en cambio que no ganaba a penas para el sustento diario tenía una mujer radiante.
-Tu mujer está resplandeciente y la mía tan delgada que parece enferma. Dime como alimentas a tu esposa.
-Yo –respondió el jardinero- alimento a mi mujer todos los días con carne de lengua.
-¿Eso es todo?
-Sí señor, eso es todo.
El rey entró precipitadamente al palacio en busca de su cocinero, a quien ordenó:
-Me vas a preparar un banquete con todo tipo de lenguas cocinadas y sazonadas de las formas más diversas.
Al día siguiente la mesa estaba cubierta de todo tipo de platos con lengua de ternera, de buey, de conejo, de alondra…y las más variadas salsas y especias.
El rey fue a buscar a la reina y la acompañó orgulloso hasta la sala de banquetes y la invitó a servirse cuanto quisiera de aquellos ricos manjares, pero la pobre sintió unas náuseas horribles y se retiró de inmediato a su habitación.
El rey, despechado, acudió nuevamente a su jardinero y le dijo:
-¡Tú te llevarás a mi esposa, la reina, a tu casa por seis meses, y la tuya vendrá a vivir a palacio!
Los deseos de los reyes son órdenes. Así, a la mañana siguiente, se hizo el intercambio.
En cambio la mujer del jardinero, era una sombra entristecida, delgada y gris.
El rey, no había comprendido nada de lo que sucedía y pidió a las mujeres que explicasen su transformación.
-Cuando mi marido regresa del trabajo –dijo la mujer del jardinero- está alegre y contento. Durante la cena me cuenta lo que ha sucedido durante las horas de trabajo: las flores que han abierto sus pétalos, las frutas que maduraron, la luna llena en medio de la noche. Cuando termina de cenar toca música, canta, cuenta historias y me recita poesía. Las veladas con él son el mismo paraíso.
-Así es -afirmó la reina-. Siempre tiene una bella historia que contar, una palabra dulce que decir, una cálida sonrisa que ofrecer para embellecer la vida. Da lo mejor de sí mismo.
Escuchó el rey con atención a las dos mujeres y por todo el reino se dice que su majestad, aprendió a contar las mejores historias y a ofrecer la mejor de sus sonrisas…y que la reina vivió feliz el resto de sus días.
Leyenda de la Flor Nomeolvides.

En la mañana del mundo envió Dios un ángel con un mensaje para cierto santo varón que habitaba en un desierto de Persia. Al cruzar el divino mensajero el espacio vio a una encantadora joven persa que, sentada al lado de un manantial, entretejía sus hermosos cabellos con no-me-olvides.
Enamorado de ella el ángel, descendió, le declaró su amor y por largo tiempo vivieron juntos llenos de felicidad. Sin embargo, un día se acordó el ángel de que no había llevado su mensaje, y pesaroso y arrepentido volvió al cielo en demanda de perdón por su falta, mas las puertas del paraíso estaban cerradas. Ante ellas quedóse lloroso y acongojado el ángel hasta que el arcángel Gabriel se le apareció y le dijo: -Es orden de Dios quo antes de traer al Cielo una hija de la Tierra, has de poblar el suelo de hijos del Cielo.
No comprendiendo el ángel lo que esto quería decir, pidió a su esposa una explicación de ello.
-Sí -le dijo ésta, tomando unas flores de sus cabellos-. Estas preciosas flores azules nomeolvides, son hijas del Cielo.
Ambos cogidos de la mano, erraron por el mundo plantando nomeolvides por doquier, y terminada su tarea, tomó el ángel a su esposa en los brazos y con ella voló al Cielo.
Cuentan que hace mucho mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa, quien tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó traer ante su presencia. Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa. La bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo.
Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo:
-Aquí termina tu hilo.
Pero al escuchar esto el emperador enfureció, creyendo que era una burla de la bruja, empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer, haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente, ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.
La isla de los sentimientos.
Erase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos: la alegría, la tristeza y muchos más, incluyendo el Amor. Un día les fue avisado a los moradores que la isla se iba a hundir. Todos los sentimientos se apresuraron a salir de la isla, se metieron en sus barcos y se prepararon a partir, pero el Amor se quedó, porque se quería quedar un rato más con la isla que tanto amaba antes de que se hundiese. Cuando por fin ya estaba casi ahogado, el Amor comenzó a pedir ayuda.
-Riqueza llévame contigo.
-No puedo – le contestó – hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para tí.
Entonces el Amor le pidió ayuda a la Vanidad:
-Por favor ayúdame.
La vanidad le dijo:
-No te puedo llevar tu estás todo mojado, vas a arruinar mi barco nuevo.
El Amor le pidió ayuda a la Tristeza:
-¿Tristeza me dejas ir contigo?.
Ella le respondió:
-¡¡Ay!! Amor estoy tan triste que prefiero estar sola.
También paso la Alegría, pero ella estaba tan alegre, que no oyó el Amor llamar.
Allí fue cuando una voz le llamó;

-Ven Amor yo te llevo, era un viejo, pero el Amor estaba tan feliz que se le olvidó preguntarle su nombre.
Al llegar a tierra firme le pregunto a la sabiduría:
-Sabiduría, ¿quién era el señor que me trajo aquí ?
Ella respondió:
-Era el Tiempo.
-¿ El Tiempo ?-preguntó el Amor. -¿Pero porqué solo el Tiempo me quiso traer ?.
La Sabiduría le respondió:
-Porque solo el tiempo es capaz de ayudar a entender un gran Amor.
El Amor y la Locura.
En el principio de los tiempos, cuando no existía nada. Cuando ni siquiera el tiempo existía porque nadie había inventado nada para llevarle la cuenta. Cuando el hombre todavía no existía, en mitad del universo estaban reunidos los vicios y las virtudes que más tarde poblarían a los humanos en mayor o menor medida.
Y los vicios y las virtudes se pasaban todo el día discutiendo y peleando, sobre todo azuzados por la Ira y la Discordia. Y discutían sobre quien habitaría el cuerpo de los humanos, si los vicios o las virtudes. Y no se ponían de acuerdo porque unos decía que habría mas virtudes que vicios en los humanos y otros que al revés, que sería mayor el número de vicios que estarían en los humanos.
Y como nadie se ponía de acuerdo. La Locura, que estaba loca, tubo una idea que le pareció genial. Y dando brincos en mitad de la reunión dijo:
- Tengo una idea, tengo una idea para solucionar la discusión.
Todos se quedaron expectantes. Y la Locura dando carreras sin ton ni son y saltando por todos lados dijo:
- Es una idea genial que seguro que no falla. Sí, sí, sí, sí
En este punto la Intriga, que estaba realmente intrigada, pensó:
- "¿Cuál será la idea tan buena que ha tenido esta Locura? "
Y la Locura seguía dando botes y haciendo cabriolas y diciendo:
- ¡Lo tengo! ¡Lo tengo!.
Y la Intriga que estaba cada vez más intrigada, azuzada por la Curiosidad preguntó por fin:
- Oye, ¿Y cual es esa idea tan buena?.
La Locura dio un brinco y después otro y dijo:
- Muy fácil, muy fácil, muy fácil. ¡Se trata de un juego!.
Como la Locura seguía dando saltos y no parecía que fuese a decir nada más, la Intriga preguntó:
- ¿Y que juego es?
- dijo la Locura - Es el juego del escondite.
Entonces la Intriga sí que se quedó intrigada. Y como ya no podía soportar tanta intriga dijo:
- ¿Y qué demonio de juegos es ese?.
- Muy fácil, muy fácil, muy fácil. - dijo la Locura dando vueltas alrededor de la Intriga - Uno de nosotros se pone a contar de uno a cien de cara a un tronco muy grande y con los ojos tapados. Y los demás salen corriendo a esconderse donde puedan. Luego el que cuenta sale a buscar a los demás. Si al último que encuentre es una virtud, serán las virtudes las que habiten al hombre en mayor número, si es un vicio serán los vicios los que habiten a los humanos.
Entonces alguien entre la multitud dijo:
-¿Y si encuentra una pareja de virtud y vicio?.
La Locura pensó un instante y dijo:
- Muy sencillo, se repartirán por igual.
La Inteligencia, que hasta entonces se había creído la más inteligente pensó:
- "Vaya ideota que se le ha ocurrido a esta Locura. ¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí?."
Entonces la Intriga preguntó:
Y la Ternura dijo:
- Anda, Locura, ya que se te ha ocurrido a ti tan buena idea, ¿qué mejor que seas tú quien cuente?.
- De acuerdo, de acuerdo, de acuerdo. - dijo la Locura.
Y se fue a un tronco a contar:
- Veintisiete, cuarenta y dos, catorce, sesenta...
Todas las virtudes y los vicios salieron corriendo a esconderse.
La Justicia cogió de la mano a la Verdad, porque la Verdad siempre acompaña a la Justicia, y se fueron hasta un río que pasaba por allí cerca. Era un río de aguas cristalinas y puras. Y la Justicia dijo:
- Nos esconderemos aquí, para que luego digan que la Justicia no es clara.
Y la Justicia se escondió en el fondo del río junto con la Verdad.
La Ensoñación cogió a la Ternura de la mano y dando saltitos se fueron a esconder detrás de una nube rosa. Y allí comenzaron a pintar las nubes de tonos morados, rojos, rosas y azules. Y es por eso que en los atardeceres el cielo se llena de nubes de colores.
La Lujuría cogió de la mano a la Pasión y juntas escalaron una montaña para esconderse en ella. Pero una vez dentro la temperatura empezó a subir y las rocas a calentarse y a fundirse hasta que la Lujuría y la Pasión hicieron nacer un volcán en aquella montaña.
La Pereza no se movió de donde estaba. Con el sueño que tenía ella, se iba a molestar en esconderse. Vamos, y se echó a dormir detrás de un banco que había por allí cerca.
- treinta y tres, cincuenta y ocho, siete...La Envidia, envidiosa como siempre, quería saber donde se escondía todo el mundo y se quedó allí en medio.
- setenta y siete, ochenta y seis, cincuenta y uno...
El otro que no se escondía era el Amor. Porque el amor es indeciso y no sabía dónde esconderse.
La Locura estaba llegando al final de la cuenta:
- noventa y ocho...
El Amor y la Envidia no sabían dónde meterse. La envidia vio un pino y se subió en lo alto.
- noventa y nueve...
En el último momento el Amor se tiró a un rosal de rosas rojas donde nadie se había escondido porque estaba lleno de púas.
- y ¡cien!.
La Locura se dio la vuelta y empezó a buscar a sus compañeros.
- ¡Cruz por la Lealtad!.- La Lealtad, leal como era, no se había movido del lado de la Locura.
- ¡Cruz por la Esperanza!.- La Esperanza se había escondido cerca pensando que quizá no la encontrarían.
- ¡Cruz por la Ignorancia!.- La Ignorancia, despistada salió preguntando.
- ¿A qué estamos jugando?
- ¡Cruz por la gula que está comiendo pasteles!.
La Soberbia salió muy encendida y dijo:
- Me había escondido muy bien, ¿A que me has encontrado de las últimas?, ¡Vamos, con lo bien que me escondo yo!
- ¡Cruz por la Humildad!.
La Humildad se acercó a la Locura y le dijo:
- La verdad es que me has encontrado un montón de bien.
- ¡Cruz por la Pereza!.
La Pereza seguía durmiendo plácidamente a pesar de todo el alboroto que la Locura estaba montando.
La Locura llegó hasta el río de aguas cristalinas, miró al fondo y vio a la Verdad y a la Justicia. Y gritó:
-¡La Justicia y la Verdad están allá abajo!.
La Justicia, que vio que la habían visto, revolvió el fondo para que las aguas se volvieran turbias y no pudieran verlas. Y le dijo a la Verdad:
- Tú quédate aquí que yo saldré por las dos y convenceré a la Locura de que no te ha visto.
Y la Verdad le hizo caso y allí se quedó, y la Justicia salió corriendo detrás de la Locura, y corría más y más hasta estar a punto de alcanzarla cuando de repente se tropezó con una piedra y se cayó. Con la caída se había lastimado una rodilla, pero aun así se levantó y siguió corriendo cojeando, pero cuando llegó la Locura ya había llegado.
Es por eso que la Justicia cojea, pero siempre llega. Y desde entonces a la Verdad no se le ve por ningún lado.
Entonces la Locura se fijó en que la montaña donde se habían ocultado la Pasión y la Lujuria ahora era un volcán.
Así que la Locura subió por la ladera del volcán y se asomó al borde del cono. Y allá abajo, en una repisa de piedra Pasión y Lujuria estaban dando rienda suelta a todo lo que representaban. La Locura, avergonzada, dijo mirando para otro lado:
-¡Cruz por la Lujuria y la Pasión que están ahí abajo haciendo cosas feas! - y se fue corriendo dejando a la Lujuria y a la Pasión, quienes no se habían enterado de nada, con sus cosas.
Luego la Locura miró al horizonte y vio nubes de colores en forma de dragones, elefantes, princesas, duendes y castillos. Y pensó la Locura:
-"Esto parece cosa de la Ensoñación, y si la Ensoñación está por aquí la Ternura no tiene que andar lejos".
Y efectivamente, subió hasta las nubes y allí vio a la Ensoñación contándole cuentos a la Ternura y esta mientras tanto hacía nubes con las formas que le relataba la Ensoñación. Y la Locura, viéndolas tan atareadas no quiso molestarlas y escribió en una nube: "¡Cruz por la Ensoñación y la Ternura!." Y se fue.
La Locura ya había descubierto a todo el mundo menos a dos: la Envidia y el Amor (ya que a pesar de lo que decía la Justicia, ella tenía una cierta idea de por donde estaba la Verdad. Los locos están locos, pero no son nada tontos). Ya no sabía dónde buscar y miró al cielo para pedir ayuda. Y con esto vio a la Envidia que estaba en lo alto del pino.
- ¡Cruz por la Envidia!.
La Envidia, envidiosa de que no hubieran encontrado al Amor, se bajó del árbol y dijo:
- Pues el amor está escondido en esas zarzas.
La Locura dio vueltas a la zarza pero no vio al Amor, y es que el Amor es difícil de encontrar a veces.
- Pero busca bien, que está ahí.- dijo la Envidia.
La Locura intentó apartar las zarzas con las manos pero se pinchó:
Y es que a veces el Amor hace daño sin querer.
- Pero busca bien, que seguro que está ahí. - azuzó la Envidia.
La Locura ya no sabía que hacer y cogió una horca de dos puntas y comenzó a pinchar las zarzas con ella. Finalmente se oyó un grito que dejó a todos helados:
-¡Ahhhhh!.
El Amor salió de las zarzas con las cuencas de los ojos vacías bañadas en sangre en sangre. La Locura no sabía que hacer, todos le estaban mirando, y sintiéndose culpable por lo que había hecho le prometió al Amor que a partir de ese momento sería su lazarillo.
Y es por eso que dicen que el Amor es ciego y siempre va acompañado por la Locura.
Palabras hermosas.
Esta es la historia de un rey muy rico y una reina; una reina muy delgada, triste, pálida y con muy poco apetito por la vida.
El rey ya no sabía qué hacer, como devolver la redondez de su cuerpo y la risa que había poseído años atrás.
Un día, mientras el rey miraba por la ventana de su palacio, vio pasar a una mujer llena de vitalidad, de hermosas carnes y mirada hechicera. El rey reconoció en esa mujer a la esposa del jardinero y quedó perplejo. Su esposa poseía todo lo que una mujer pudiera desear, riqueza, joyas, vestidos, sirvientes…y sin embargo, estaba flaca como un clavo. El jardinero en cambio que no ganaba a penas para el sustento diario tenía una mujer radiante.
-Tu mujer está resplandeciente y la mía tan delgada que parece enferma. Dime como alimentas a tu esposa.
-Yo –respondió el jardinero- alimento a mi mujer todos los días con carne de lengua.
-¿Eso es todo?
-Sí señor, eso es todo.
El rey entró precipitadamente al palacio en busca de su cocinero, a quien ordenó:
-Me vas a preparar un banquete con todo tipo de lenguas cocinadas y sazonadas de las formas más diversas.
Al día siguiente la mesa estaba cubierta de todo tipo de platos con lengua de ternera, de buey, de conejo, de alondra…y las más variadas salsas y especias.
El rey fue a buscar a la reina y la acompañó orgulloso hasta la sala de banquetes y la invitó a servirse cuanto quisiera de aquellos ricos manjares, pero la pobre sintió unas náuseas horribles y se retiró de inmediato a su habitación.
El rey, despechado, acudió nuevamente a su jardinero y le dijo:
-¡Tú te llevarás a mi esposa, la reina, a tu casa por seis meses, y la tuya vendrá a vivir a palacio!
Los deseos de los reyes son órdenes. Así, a la mañana siguiente, se hizo el intercambio.
En cambio la mujer del jardinero, era una sombra entristecida, delgada y gris.
El rey, no había comprendido nada de lo que sucedía y pidió a las mujeres que explicasen su transformación.
-Cuando mi marido regresa del trabajo –dijo la mujer del jardinero- está alegre y contento. Durante la cena me cuenta lo que ha sucedido durante las horas de trabajo: las flores que han abierto sus pétalos, las frutas que maduraron, la luna llena en medio de la noche. Cuando termina de cenar toca música, canta, cuenta historias y me recita poesía. Las veladas con él son el mismo paraíso.
-Así es -afirmó la reina-. Siempre tiene una bella historia que contar, una palabra dulce que decir, una cálida sonrisa que ofrecer para embellecer la vida. Da lo mejor de sí mismo.
Escuchó el rey con atención a las dos mujeres y por todo el reino se dice que su majestad, aprendió a contar las mejores historias y a ofrecer la mejor de sus sonrisas…y que la reina vivió feliz el resto de sus días.
Leyenda de la Flor Nomeolvides.
En la mañana del mundo envió Dios un ángel con un mensaje para cierto santo varón que habitaba en un desierto de Persia. Al cruzar el divino mensajero el espacio vio a una encantadora joven persa que, sentada al lado de un manantial, entretejía sus hermosos cabellos con no-me-olvides.
Enamorado de ella el ángel, descendió, le declaró su amor y por largo tiempo vivieron juntos llenos de felicidad. Sin embargo, un día se acordó el ángel de que no había llevado su mensaje, y pesaroso y arrepentido volvió al cielo en demanda de perdón por su falta, mas las puertas del paraíso estaban cerradas. Ante ellas quedóse lloroso y acongojado el ángel hasta que el arcángel Gabriel se le apareció y le dijo: -Es orden de Dios quo antes de traer al Cielo una hija de la Tierra, has de poblar el suelo de hijos del Cielo.
No comprendiendo el ángel lo que esto quería decir, pidió a su esposa una explicación de ello.
-Sí -le dijo ésta, tomando unas flores de sus cabellos-. Estas preciosas flores azules nomeolvides, son hijas del Cielo.
Ambos cogidos de la mano, erraron por el mundo plantando nomeolvides por doquier, y terminada su tarea, tomó el ángel a su esposa en los brazos y con ella voló al Cielo.


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